martes, septiembre 25, 2012

Tres veces tres. Osea, treinta y tres

La parte buena de todo es que uno va tomando consciencia de lo pequeño que es en comparación con el exterior. La primera vez que vi una nube de tormenta supe lo que era ser ínfimo. Ahora tengo más edad y veo más lejos. Me siento más pequeño todavía. A este paso desapareceré antes de cumplir los 50. Me perderé de vista, no podré encontrarme.

Bueno, al menos podré decir que he estado aquí, aunque no haya servido de demasiado. O tal vez sí, no lo sé. No sé lo lejos que llegarán las ondas que creo a mi paso, y eso me reconforta y me asusta a partes iguales.

Lovecraft, en su paranoia y en su enfermedad, tuvo consciencia de esta verdad absoluta: toda sensación de control es algo efímero y en todo caso irreal. El mundo exterior siempre va a estar ahí, misterioso e inconmensurable, incomprensible y terrorífico.

Solamente se tiene control sobre uno mismo, y ni siquiera sobre todas las parcelas sino sólo sobre unas pocas. No puedo controlar que mi corazón siga latiendo: lo hace solo, sin que medie voluntad alguna por mi parte. Puedo variar a voluntad la velocidad a la que lo hace, pero ahí acaba mi control.

En fin, ayer fue mi cumpleaños. Otro más. Un día normal a fin de cuentas.
Hasta luego.

jueves, mayo 31, 2012

Voces desde el pasado

Canciones, lecturas... vivencias viejas. Y amadas.

Aquello que llega con suficiente fuerza para imprimir una huella en nuestra psique siempre se queda ahí, aguardando a que se la mire desde arriba y se reviva otra vez aquello.

No forman parte de nosotros pues siempre son voces que vienen de fuera, del mundo. Pero las reconocemos como propias porque sin ellas no seríamos como somos. Una canción especial, un libro que se lee una y otra vez, un recuerdo recurrente. Anclas que hemos lanzado al océano de la vida en aquellos lugares donde, contra todo pronóstico, el fondo marino abandona su baldía y oscura realidad y alumbra un tesoro oculto o un pecio hundido.

Como un canto de sirena llaman desde los arrecifes, atrayéndonos hacia tiempos pasados donde todo era mejor. Que sea falso no importa, son hermosas. Sí, uno podría vivir en el pasado permanentemente, nutriéndose de esas voces, sintiendo que la vida y la respiración que faltan a veces, no son un problema y no lo serán nunca más. Solamente hay que encenrrarse con Circe en la cueva y dejar que el mundo siga su curso. Uno ya está fuera de él. Cuánta paz...

Voces desde el pasado. Como las nieblas a las que, dicen, tanto temían los antiguos vikingos ocultan lo que hay delante, atrás y a los lados del camino, y en ese momento, cuando se lanzan las aves enjauladas a la libertad con la esperanza de que no regresen, la voz de una gaviota se oye por encima y renace la esperanza, así surgen de vez en cuando las voces, y de repente la niebla parece menos espesa y la difusa luz sin sombras parece aclararse. Así se recuerda que en la vida, como los hermosos ojos de la dama amada, se requiere a veces de un parpadeo para seguir mirando hacia delante, hacia la difusa niebla del futuro.

Y sin embargo un día se sale de la cueva y se reemprende el camino a Ítaca, con la sensación de que todo lo vivido no ha sido sino un sueño extraño, maravilloso y terrible. Y el marino, a pesar de estar enamorado de la mar, siente la llamada de la tierra, del hogar abandonado mucho tiempo atrás, y pone rumbo a ella, en singladura hacia las costas conocidas que un día le vieron partir en dirección a... no se sabe dónde. Y al llegar a casa, al hogar, se sentirá a gusto durante un tiempo. Pero no pasará mucho hasta que vuelva a oir las voces. Tal es su dicha y su condena. Oir siempre las voces. Las voces desde el pasado.

domingo, octubre 16, 2011

Milana bonita...

Milana bonita...
Acabo de terminar de ver Los Santos Inocentes. No la había visto hasta ahora.
Milana bonita. Ahora tengo un nudo en la garganta. Ahora siento tristeza, perplejidad...

Ahora siento odio.

martes, septiembre 27, 2011

Cuestión de gustos

Una amiga me dijo hace bastante tiempo acerca de este blog: "Me gustaba más cuando hablabas de lo que sentías en vez de tratar otros temas". Nunca supe qué pensar de ello.

Haciendo una analogía, sería como si solamente me gustase estar con una persona cuando ésta solamente habla de determinados cosas. Cierto es que hay gente por ahí con las que es arriesgado sacar según qué temas a la palestra, pero esto es un caso distinto: alguien se queda con una parte específica de un todo. No es que tenga importancia alguna (ni siquiera sé por qué estoy escribiendo sobre ello), pero me apetecía hugar un poco a ver si saco algo nuevo.

Somos polifacéticos como personas. Este notable y obvio hecho facilita que algunos objetos creados por nosotros hereden esa particularidad. Los blogs, los personales en concreto, son especialmente susceptibles de ello, dado que dan salida a una necesidad del autor de escribir o contar algo. Fruto de esto encontramos un común denominador a las entradas de ese blog, algo a lo que llamo la "importancia subjetiva relativa".
1. Todas las entradas de un blog tienen una importancia base que motivó su creación.
2. Esa importancia, sin entrar a valorar el contenido de las entradas, es subjetiva puesto que derivan de la propia percepción del autor.
3. Dentro de un blog, y de nuevo desde la propia percepción del autor, hay entradas relativamente más importantes que otras.

Quien me conozca un poco puede empezar a intuir el malestar (relativo) que me produjo la frase, (bienintencionada, no lo dudo) de esta persona. A mí no me cuesta hablar de mis sentimientos. Podría pasarme el día hablando sobre ellos. Y la noche. Los tengo a flor de piel, no tienen nada especial. De hecho esta entrada se está escribiendo casi sola. Tiene poca importancia relativa para mí.

En cambio, cuando escribo una entrada sobre un tema específico, habitualmente le doto de una mayor importancia relativa. Me lo curro mucho más. Considero que son mejores entradas. Por eso me provoca cierto malestar esta discordancia entre mi percepción y la importancia relativa que le dan otros lectores a lo que escribo. Supongo que esto le pasa a todo el mundo.

Aunque de vez en cuando alumbro alguna entrada como la del San Juan Nepomuceno que aúna lo mejor de ambas tendencias, y eso está bien, aunque para ello tengan que pasar otras tantas sin pena ni gloria como esta, esta, o esta otra.

Supongo que es cuestión de gustos.

lunes, septiembre 19, 2011

Manifiesto de Renuncia

Habiendo andado ya casi 32 años por esta vida, uno se pregunta varias cosas: qué le espera, qué aprendizaje de las vivencias pasadas ha perdido por falta de visión y/o oportunidad, qué mecanismos podría poner en marcha para mejorar en el futuro... en fin, cosas comunes y corriente, humanas.

Ocurre entonces que, de vez en cuando, uno es capaz de ver una circunstancia que le ha acompañado toda la vida, un patrón. Es precisamente esto lo que me lleva a redactar, como ejercicio, este pequeño manifiesto de renuncia:

Yo, en pleno uso de mis facultades físicas y mentales, habiendo percibido someramente ritmo y planes vitales, propios y ajenos, y viendo que todo esfuerzo que he estado invirtiendo en la tarea de conseguir una cierta cantidad de paz duradera ha terminado fracasando, manifiesto lo siguiente:

1. Desde ahora mismo renuncio a obtener una paz eterna o duradera, puesto que asumo que dicho esfuerzo es vano.

2. Todas las tareas por mí emprendidas a partir de ahora las acometeré con esfuerzo y con la consciencia de que en cualquier momento, venga o no el caso o con o sin razón aparente, podrá suceder (y de hecho sucederá) algo que hará tambalearse o directamente destruirá los frutos de mi esfuerzo.

3. No niego los pensamientos irracionalmente optimistas naturales en mi persona, pero dichos pensamientos no me cegarán de ahora en adelante hasta el punto de negar la evidencia presente ante mis ojos de que si los seres humanos estuviésemos destinados a tener paz, no seríamos seres humanos sino helechos.

4. Sin caer en el pesimismo, sí que optaré a partir de ahora por un enfoque sosegado y prudente de las situaciones que se me presenten con el objeto de intentar percibir mejor dichas situaciones.

5. Mi sentido de la justicia, como valor íntimo y propio, en lo sucesivo se adecuará únicamente a mi conducta y a mi pensamiento. Nunca más intentaré ver paralelismo alguno entre dicho sentido y los constructos sociales de mi entorno, así como tampoco con esa "suma de todo" a la cual tengo el honor de llamar "Vida".

6. Finalmente, asumo que mi asunción acerca de que esa "Vida" incentiva la justicia es falsa y carente de sentido.

A ver qué tal. Es corto, debería ser sencillo...

martes, julio 26, 2011

Arranque Zen

Hace tiempo alumbré una frase que creo verdadera en su esencia, y es que aquel que ame la bebida debe amar la resaca. Pues bien, esta es una de esas mañanas en las que uno se arrepiente de afirmaciones como la anterior.

Qué resaca madre. Incluso he hecho algo que no suelo hacer que es echar mano de la química, en este caso un paracetamol. Ahora estoy un poco más recuperado.

Me parece que beber me gusta cada vez menos.